La Colaboración Es Una Estrategia Peligrosa

Todos sabemos que la clave del éxito de los equipos y las organizaciones es la colaboración.

Sin embargo, las investigaciones científicas de las dinámicas sociales han demostrado que enfrentar las relaciones al interior de los equipos y organizaciones con una actitud colaborativa es una estrategia peligrosa para los individuos.

En pocas palabras, diversas investigaciones han demostrado que cuando los grupos (equipos u organizaciones) compiten entre ellos, los que son más cohesionados y donde hay más colaboración tienden a prevalecer en el largo plazo. Es decir, los grupos de gente que colabora mutuamente tienen mejores resultados que los grupos competitivos entre ellos. Sin embargo, al interior de cada grupo, los individuos más egoístas, que se benefician del éxito del grupo pero no contribuyen a él (lo que en inglés se denomina 'free-riders'), a menudo tienden a avanzar más hacia sus objetivos individuales, a expensas del grupo y de los demás miembros de éste.

En pocas palabras, "los 'tramposos' tienden a avanzar más rápido que los cooperadores al interior de los equipos, pero los equipos de cooperadores tienden a ser más efectivos que los grupos de 'tramposos'".

Esta dinámica social natural suele derivar en falta de compromiso y engagement en aquellas personas que sí están comprometidas con el éxito colectivo y que están dispuestas a postergar sus propios objetivos hasta que se logre el del equipo u organización. Estas personas ven cómo los más "tramposos" van obteniendo mejores beneficios y están cada vez menos dispuestas a seguir colaborando y sacrificándose por el grupo.

Los líderes más efectivos reconocen estas dinámicas y se aseguran de que los "tramposos" entiendan que todos están arriba del mismo carro y de que haya una correlación directa entre beneficios colectivos e individuales.

Sin embargo, aunque este rol correctivo de los líderes es vital, también es un rol que pocos agradecen. Es vital porque asegura la alineación de los miembros individuales con el objetivo común, y viceversa, pero la investigación también ha mostrado que "los individuos que castigan a quienes rompen las reglas a menudo pagan un precio en términos de pérdida de apoyo social".

Por ello, para que el castigo a los "tramposos" no termine costándole la vida al líder que los corrige, es necesario contar con una cultura organizacional, es decir, un conjunto generalmente aceptado de cómo se hacen las cosas en nuestro equipo u organización, que constantemente realice las correcciones a los potenciales tramposos. De esa forma, es el grupo el que premia y castiga y no sólo el líder individual.