7 Preguntas Clave de la Supervisión

Muchos años atrás, en mis inicios como consultor en cambio organizacional, conocí una guía muy clara para determinar si alguien es un buen supervisor.

Esa guía indica que un buen supervisor siempre tiene que ser capaz de responder, rápida y precisamente, 7 preguntas clave:

  1. ¿Cuántas personas tengo a mi cargo? (Número exacto, no aproximado)

  2. ¿Cuántos llegaron a trabajar hoy? (Por supuesto, puede variar cada día)

  3. ¿Dónde está, físicamente, cada uno de mis subordinados, en este momento?

  4. ¿Qué tarea específica está ejecutando cada uno de ellos?

  5. ¿Cuándo empezaron a realizar esa tarea?

  6. ¿Cuándo van a terminarla? (Requiere tener claro cuánto deberían demorar en cada tarea)

  7. ¿Qué van a hacer después? (Siempre tener preparada la siguiente asignación)

Responder efectivamente estas preguntas es fundamental porque la relación jefe-subordinado de un supervisor tradicional se basa en la lógica de que es el jefe el que piensa y tiene la experiencia y el rol de los subordinados es ejecutar las tareas que se le asignan. Ni más, ni menos.

Sin embargo, este ideal de supervisión es mucho más difícil de aplicar a medida que uno sube en la organización y que las compañías se hacen más complejas.

Por ejemplo, si el Gerente General de una compañía se dedica a responder efectivamente esas 7 preguntas, seguramente tendrá un foco demasiado operativo, creará un ambiente donde sus subordinados sienten que no pueden aportar efectivamente y dejará de hacer una parte mucho más importante de su trabajo, que es todo lo estratégico.

Además, la complejidad y dispersión geográfica de muchas compañías hacen que sea imposible establecer una relación jefe-subordinado de supervisión tradicional. Cuando mis colaboradores están en distintas ubicaciones geográficas, incluso en múltiples zonas horarias alrededor del mundo, es imposible gestionar cada tarea y tenemos que funcionar en base a objetivos.

La gestión en base a objetivos (MBO, por sus siglas en inglés) supone una relación mucho más transversal entre jefe y subordinado.

Con colaboradores que conocen su trabajo, son capaces de organizarse adecuadamente, establecen y cumplen los compromisos acordados y van desarrollando constantemente sus capacidades.

Con líderes que aprecian y buscan la contribución de su equipo, confían en que las personas harán lo que prometen, verifican el avance hacia los objetivos y proveen retroalimentación periódica que ayuda al desarrollo de sus subordinados.

Por lo tanto, en el diseño y gestión de nuestras organizaciones, necesitamos entender claramente cuál es la relación jefe-subordinado más adecuada para cada nivel, área organizacional y realidad de negocios.